miércoles, 31 de agosto de 2011

SCREAMIN' JAY HAWKINS PODRÍA SER TU PADRE





Hace ya 11 años que este cavernícola aullador hacedor de milagros sonoros murió, a los 70 años,  en Neuilly-sur-Seine, Francia, dejando tras de sí un buen puñado de discos quitadores de hipo y por el que pueden escurrirse toneladas de blues y rythm& blues  regurgitado desde sus entrañas en forma de canciones que han sabido aguantar a lo largo de los años y a lo largo de las modas, aun cuando éstas eran titánicas y eclipsadoras, como el rock and roll en los 50.

Probablemente seguirán aquí cuando nosotros ya no estemos y sean nuestros tataranietos los que bailen. También los suyos, que no serán pocos. En los últimos años de su vida expresó el deseo de dejar su fortuna a sus hijos, asunto relativamente fácil  si no fuera porque el amigo no sabía ni cuántos hijos tenía ni mucho menos por dónde paraban. Decía que creía tener según sus cuentas unos 57.  Pero Maral Nigolian, amiga suya y directora de cine (que hace diez años dijo que estaba preparando un documental sobre él y aún lo estoy esperando), se ocupó de la ardua tarea de encontrar a sus hijos para cumplir su voluntad. "Él quería a sus hijos bajo un mismo techo y sintió remordimiento por no hacerlo1 decía, la cachonda. Se dio cuenta de que podían  ser más de 75. Incluso creó una página web (www.jayskids.com, hoy en día inexistente, quizá ya se han repartido el pastel) para que todo aquel que se “creyera” hijo  de Screamin’ Jay Hawkins o, mejor aún, toda madre que “creyera” tener un hijo del cantante se pusiera en contacto con ella a través de la web. "No era como una investigación del FBI, no hay pruebas de ADN", decía Nigolian. "Pero les pido  documentos, información sobre lugares, fechas de nacimiento, busco parecidos…”. Y es que nuestro protagonista, además de  las seis mujeres oficiales con las que tuvo hijos reconocidos, estuvo durante la mayor parte de su vida girando y fornicando a todo lo que le parecía. Hawai, Yugoslavia, México, Corea, Inglaterra, Finlandia… Son muchos los lugares donde se reclama parte de la herencia Hawkins, y, a pesar de que los legítimamente demostrados ya son unos cuantos, hay intentos de otros tantos que por entrar en la familia dejan testimonios de lo más simpático2:

“Toda mi vida supe que era un huérfano y siempre hubo algo en lo profundo de mí que me decía que yo era especial de una manera que no podía aún comprender. Recientemente pude ubicar a mi madre Esmeralda, una prostituta hispana que vivía en el Bronx para la fecha de mi concepción. Tuve una larga charla con ella y pudimos acotar la lista de padres posibles a un grupo de mercaderes de pieles rusos, su hermano Carlos y Jay Hawkins en persona. En el fondo, sé que soy su hijo”.

O éste otro de un tal Dayton de Ohio, ciudad natal de Hawkins, ofreciendo pruebas irrefutables cuando afirman que:

“Puedo cantar blues y tengo pelo enrulado. Mi mamá nunca me permite escucharlo porque la hace llorar”.

Con la misma lógica aplastante comenta un australiano:

“Aunque no soy negro americano, creo que soy hijo de Jay. Él estuvo en tour por Nueva Zelanda a mediados de los 70, que es justo cuando nací. Tengo gran habilidad musical que no puede ser atribuida a ninguno de mis padres que no reconocen una nota. Además siempre supe que era negro en mi interior. Tengo soul, baby”.

Desconozco el desenlace, ni siquiera sé cuánto es cierto y cuánto es cuchicheo, pero si sé que a nivel musical dejó bastante más de 75 hijos. Su sombra caimánica rodeada de calaveras, ataúdes, explosiones, humo, sus gritos, regurgitaciones varias y todos los cimientos del rock teatral y truculento pueden intuirse  en los Cramps, en Alice Cooper, en el Psychobilly,  en Screaming Lord Stuch, Arthur Brown , Marylin Manson y muchos otros que olvido  o desconozco.  Por no hablar de sus canciones, en especial de su I Put a Spell On you (Te eché un hechizo) , tremenda canción que se introduce por los poros de tu piel a ritmo de ¾ y que realmente te hechiza, te hace levitar del suelo y aullar a la luna llena. Ha sido versionada por más de 50 grupos, y los que quedan aún. Pero vayamos por partes.  ¿Quién era este pichaloca?

Quizá su difuso concepto de paternidad procede de sus  más primerísimos días, en 1929.  Cuando estaba a punto de nacer, a su madre le dieron una paliza en la ciudad en la que residía, Washington DC, y la metieron en un autobús que fue a parar a Cleveland, Ohio, donde nació Jalacy Hawkins un 18 de julio. Nada más nacer lo entregó al orfanato local y allí pasó los primeros meses de vida hasta que lo recogió su mamá adoptiva, una india pies negros. Fanfarronea Hawkins diciendo que fue ella misma quién le enseño todos los misterios sobre la brujería y la magia negra. En su familia adoptiva le fue bastante difícil construir una figura paterna,  ya que tenía muchísimos hermanos (ni siquiera él sabe cuántos) de padres distintos.



Estudiará piano y canto (confiesa ser  un gran amante de la Ópera), pero a los 14 años deja el instituto y se alista al ejército mintiendo sobre su edad, ya que no podías entrar hasta cumplir los 15.  Entretendrá a los soldados tocando el saxo hasta que llegue su primera misión en la guerra del Pacífico. El soldadito Hawkins saltará en paracaídas para combatir en la Isla de Saipán, con tan mala fortuna que aterrizará en territorio enemigo y será capturado durante un año y medio.  Como en muchos pasajes de su vida, hay también varias versiones respecto a su captura. En este artículo intentaremos fiarnos de lo que él mismo cuenta sobre su vida en el documental I put a Spell on Me (Nicholas Triandafyllidis, 2001). Hawkins confiesa haber sido torturado  por los nipones durante su captura. Un vez liberado, explica  como le voló la tapa de los sesos a su verdugo introduciéndole  una granada de mano en la boca.

Tres años después dejará las fuerzas armadas y, viendo las pocas oportunidades que brindaba la América de los 40 a un negro sin oficio ni beneficio, se dedicará por un tiempo al boxeo con cierto éxito,  siendo campeón de peso medio amateur en el campeonato de Alaska de 1949. Por entonces empezará también a vivir de la música tocando en diferentes grupos, entre ellos el de Fats Domino, que lo echó porque no simpatizaban demasiado. Por aquel entonces Domino era ya un gordo acomodado  y ostentoso, y Jay era un chaval de 20 años salvaje y  excéntrico.  También fue músico, cantante y ayudante (esto también incluía ir a buscarle el pan) de Tiny Grimes y sus Rockin’ Highlands, que le proporcionó una buena oportunidad para grabar un tema propio con el sello en el que Grimes estaba, Atlantic Records. El tema se llamaría Screamin’ blues, pero entre que al director de Atlantic  Ahmet Ertegun no le gustaba la manera de cantar de Hawkins y que éste último  acabó por darle un puñetazo en los dientes el single no llegó a editarse. Mecachis.

Será un año después y habiendo  sudado ya en un buen número de grasientos  clubs locales cuando grabará su primer single Baptize me in wine (1954), canción que no le dará mucho dinero pero si le permitirá abrirse un hueco entre las jóvenes promesas y grabar en noviembre de 1955 una baladita para Grand Records titulada I put a spell on You. Un mes más tarde, Arnold Maxim, productor  de Okeh Records, reunirá a Jay y sus músicos en una merendola llena de costillitas , pollo frito güisqui y cervezas a mansalva, y propondrá entonces regrabar la balada dándole otro color más salvaje.  Fue así, borrachos hasta la bandera, como grabaron la versión desgarradora e hipnotizante que supuso un antes y un después para su carrera y para el patrimonio musical:

“El productor trajo costillas y pollo y nos emborrachó a todos, y así nos salió la extraña versión. No recuerdo nada de la grabación. Antes era un cantante de blues normalito, sencillamente Jay Hawkins.  Todo lo que salió encontró un lugar, y me di cuenta de que podía desgarrar mucho más las canciones y gritar salvajemente. 3

 
La canción fue censurada o prohibida en muchas de las emisoras de radio del momento que la acusaban de  “canibalística” o más concretamente decían que “suena como un hombre comiéndose a alguien”. El tiempo puso las cosas en su sitio y la canción ha pasado a ocupar el lugar que se merece. Ha sido versionada por mas de 50 artistas (Nina Simone,  Creedence Clearwater Revival, Brian Ferry, Jeff Beck, Alan Price, Ray Charles,  Pete Townshend, Iggy Pop, por nombrar a unos pocos), ha aparecido en televisión y en la gran pantalla. En 1984 Jim Jarmusch, gran admirador de Hawkins, rueda Strangers Than Paradise y la hace sonar siempre que puede en el radiocasete portátil  de Eva (Eszter Balint), convirtiéndose en la batuta sonora  de la película.

Jay Hawkins había descubierto algo en su interior  con lo que empezaba a sentirse cómodo y con lo que empezaba a tener éxito, pero el drácula del blues aún no estaba hecho del todo. Dicen por ahí que fue Alan Freed quién le invitó a su show y le ofreció dinero por salir desde un ataúd a escena. Él aceptó, y desde entonces no dejó de hacerlo y creó todo un personaje salido de una película de terror que tanto ha influenciado a artistas posteriores. Se le considera un pionero del Shock Rock, que consiste en mezclar la música con elementos de valor teatral en sus directos.  Serpientes de goma, pieles de leopardo, capa, explosiones, humo, calaveras (en especial Henry, su calavera-bastón compañera de fatigas). El mejor de los brujos cavernícolas degañitándose por dentro, exhalando hasta la última brizna de aire en forma de grito con un vozarrón que podría oírse en planetas muy lejanos.




Obvio es que no era fácil presentarse así en sociedad a mediados de siglo pasado. Tenía serios problemas para conseguir ataúdes, ya que las funerarias y los fabricantes lo tildaban de “irreverente”. También para manejarlos, incluso para salir de ellos. Solía poner una caja de cerillas para que no se cerrara del todo y así poder salir de él en el momento de empezar la actuación, pero una vez, que tocaba junto a los Drifters,   le encargó a uno de ellos que la pusiera él, cosa que se olvidó de hacer. En el momento de salir no pudo abrirlo, y empezó a gritar y llorar y patalear hasta que el ataúd cayó de la mesa donde estaba puesto y se abrió entonces. La gente pensaba que era parte del espectáculo, pero cuando vieron a Hawkins reventarle  los morros a dos miembros de los Drifters y  largarse enfurecido sin tocar vieron que no era teatro.

Más de una vez se quemó con sus explosivos. Incluso había problemas con el público, quien se quemaba de vez en cuando por accidente. De hecho conoció a Shoutin Pat Newborn , futura corista y amante de Hawkins, porque se quemó en un concierto suyo.

En 1958 grabó su primer LP At home with Screamin Jay Hawkins, y hay fuentes que afirman  que de 1959 a 1962 estuvo en la cárcel sin dar más detalles al respecto, ni siquiera se hace mención de ello en el documental, por lo que ponemos en duda su veracidad. Lo que sí está  contrastado es que en 1963 se casa con Virginia Sabellona, una chica 6 años menor que él que conoció en Honolulu. La boda debió de sentarle mal a Shoutin Pat Newborn, que con un cuchillo de 22 cm de largo lo apuñala por la espalda, perforándole un pulmón y el diafragma.  Este asunto lo tuvo hospitalizado medio año. No fue su única temporada larga en un hospital. A principios de los setenta tuvo que dejar las giras durante dos años por un accidente de pirotecnia que le produjo quemaduras de segundo grado.

Dicen que fue en el hospital  cuando escribió otro de sus himnos, Constipation blues  (el blues del estreñimiento) que empieza con lo siguiente:
 
“Señoras y señores, la mayoría de la gente,
graba canciones sobre el amor, el desamor, la angustia, la soledad...
De lo que nadie nunca habló ni grabo una canción es sobre el dolor real.
La banda y yo acabamos de regresar del hospital general,
donde vimos a un hombre sufrir de verdad...”

Le sucederá todo un blues inundado de gruñidos, quejidos y lamentaciones varias que acompañarán al dolor de este pobre hombre estreñido. Pura víscera sonora. Curiosa será la interpretación de este tema que hará en 1983 con otro gran admirador suyo, el señor Serge Gainsbourg, mano a mano, uno enfrente de otro rodeados de telarañas, lianas y plantas carnívoras:



En décadas posteriores continuará grabando, tocando y girando. Volverá a utilizar la fórmula del I Put a Spell on You en lo que a estructura musical e interpretación se refiere en canciones como Honk Kong, Whammy o I'm Lonely, pero ninguna de ellas alcanzará el éxito de su primer Hit.  No obstante nuestro brujo cavernícola  se habrá consagrado ya como bluesman y su nombre será algo mucho más que respetable. A finales de los 70 compartirá escenario con Misfits, teloneará a los Rolling Stones (Keith Richards ya había grabado su guitarra en dos temas el disco de Portrait of a man, 1972). En los 80 se irá de gira con Nick Cave por Australia, grabará un disco en directo con los Fuzztones (Screamin' Jay Hawkins and The Fuzztones Live, 1984) . En los 90 continuará girando, grabando y compartiendo escenario con otros músicos, actuará en festivales de blues y de Jazz, y cada vez serán más los artistas que rindan homenaje a su legado.  At last será su último disco grabado en estudio, publicado por Last Call en 1997.

Paralelamente  Jay Hawkins ha hecho pequeños papeles en la gran pantalla. Su primer papel fue en 1957 en Mr Rock And Roll (Alan Freed), donde interpretaba a un caníbal, pero  sus escenas fueron eliminadas porque resultaba “ofensivo”. Hasta al cabo de 30 años después no volvió a interpretar un papel que no fuera él mismo y sería en 1989 cuando Jim Jarmusch  contactó con él después de Strangers in Paradise  para pedirle que actuara como conserje del hotel donde se iban a hospedar los protagonistas de Mistery Train, 1989.  En 1998 será Adolfo, ayudante del malote Romeo Dolorosa en Perdita Durango (Alex de la Iglesia). Actuará como él mismo o como cantante de fondo  en American Hot Wax (Floyd Mutrux,1978), Two Moon Junction (Zalman King,1988), A Rage in Harlem (Bill Duke,1991), y Peut Être (Cedric Klapish, 1999).

El director de cine Nicholas Triandafyllidis rodará poco antes de que Jay muera el ya mencionado documental I put a Spell on Me (2001) donde se incluyen relatos del propio Hawkins durante su gira por Grecia sobre su vida, así como entrevistas con personajes de gran calibre que estuvieron en algún momento a su lado. Jim Jarmusch, Eric Burdon (The Animals), Bo Diddley, André Williams, Rudi Protudi (The Fuzztones) Monique Hawkins (su última mujer), entre otros. A pesar de la barrera lingüística (¡no hay hasta la fecha subtítulos en español, ni siquiera en ingles!) es un documental muy valioso para cualquiera que quiera investigar con un mínimo de seriedad la vida de Hawkins, ya que los testimonios son reales y muchos salen de su propia boca. Internet está plagado de  webs con información sobre su vida de dudosa fiabilidad, tratando solo de  hinchar más al mito. Como si hiciera falta.


 "Cuando muera, no quiero ser enterrado, ya he estado en demasiados ataúdes"

Descárgate esta miniselección personal de 5 temas (4 + Orange Coloured Sky, versión del clásico que popularizó Nat King Cole):

Screamin’Jay Hawkins para principiantes 

Tracklist:

  1. I put a Spell on You
  2. Little Demon
  3. Frenzy
  4. Constipation Blues
  5. Orange Coloured Sky

Si quieres seguir conociendo al maestro recomiendo el recopilatorio Voodoo Jive: the best of Screamin’ Jay Hawkins (Rhino records, 1990), y de ahí para atrás!




1 http://www.vh1.com/artists/news/1122837/20000806/hawkins_screamin_jay.jhtml

2http://todoloqueustednecesitasaber.blogspot.com/2009/06/screamin-jay-hawkins-el-bluesman.html

3 http://theforestofthings.tumblr.com/post/2969350684/what-a-man-and-his-cigarette-smoking-skull-unleashed
 

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